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Todos sabemos que el ADN es la molécula que contiene la información para hacernos ser lo que somos. Todas nuestras células contienen esa información, con lo cual, a nivel de ADN todas son iguales, es decir, tienen las mismas instrucciones. Como toda información valiosa, estas instrucciones no se encuentran de cualquier manera, sino que se mantienen empaquetadas en unas estructuras llamadas cromosomas.

Molécula de ADN empaquetada en forma de cromosoma

Sin embargo, aunque todas las células tengan las mismas instrucciones podemos diferenciar perfectamente los distintos tipos celulares de nuestro organismo. Además, cada uno de estos tipos dan lugar finalmente a las distintas estructuras; por ejemplo, algunos tipos celulares formarán los músculos, otros la piel, otros los huesos, etc.

Distintos tipos celulares de nuestro organismo (imagen tomada de @wikipedia).

¿Cómo se lleva a cabo este proceso si todas las células tienen el mismo libro de instrucciones? Pues muy sencillo, todo parte de un proceso denominado transcripción, donde solo algunas de estas instrucciones, contenidas en el libro del ADN, se copian en otro tipo de molécula, el ARN, que hace de intérprete para, finalmente, acabar ejerciendo su acción en forma de proteína. 

¿Recordáis la serie de libros Elige tu propia aventura? En estos libros teníamos la posibilidad de cambiar la historía en función de las páginas que deseáramos leer. Pues nuestro organismo, cuando se está desarrollando y nuestras células multiplicándose, es capaz de copiar en ARN solo ciertas partes de todo el ADN, dando lugar a distintas historias, distintos tipos de células, distintas estructuras, es decir, se expresa, como el lenguaje.

Serie ‘Elige tu propia aventura’ publicada por RBA.

Es mas, existen distintos tipos de moléculas ARN. Algunas son capaces de leer e interpretar ciertas partes del libro de nuestro ADN, son los denominados ARN mensajeros, los cuales dan instrucciones precisas para formar proteínas concretas, como si fuese una frase legible. Sin embargo, otros tipos de moléculas de ARN tienen la capacidad de regular el significado de esa frase, actuando como signos de puntuación de nuestra lengua, son los llamados ARN pequeños. Fíjate en la siguiente estructura, donde las palabras actuarían de ARN mensajero:

‘No me he ido’.

‘No, me he ido’.

Un pequeño signo de puntuación, la coma, hace que el significado de ambas frases sea opuesto. El signo de puntuación sería un ARN pequeño capaz de regular el significado del mensaje contenido en el ADN. Como ves, todo es más complejo de lo que pensamos, tan complejo como el propio lenguaje. Nuestro ADN es una lengua viva con capacidad adaptativa.