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A los zoólogos nos encanta eso de los “gusanos”. Creo que incluso más desde que tuvimos claro, hace ya décadas, que “gusanos” realmente había muchos: nematodos, platelmintos, gordiáceos, nemertinos, anélidos, poliquetos, kinorrincos, loricíferos, priapúlidos, echiuros, onicóforos (un no parar…) y que, por tanto, el término como tal, carecía de rango taxonómico alguno. [[[ Si alguien se pierde en estas palabras y está interesado en curiosear un poco por la historia de la taxonomía zoológica, encontrará cosas realmente sorprendentes sobre este tema concreto de la clasificación de los “gusanos” desde que empezamos a ponerle nombre a todo lo que nos íbamos encontrando por el campo.]]]

Este ejemplar (foto 1 y 2), que encontré hace unos meses debajo de la corteza de un pino carrasco (Pinus halepensis) en la Serranía de Ronda, es un claro ejemplo de lo que un mortal denominaría “gusano” (echándose al mismo tiempo las manos a la cabeza). En este caso, nos estamos refiriendo concretamente a la larva del coleóptero cerambícido Ergates faber.

El conocido comúnmente con el nombre de “capricornio” o “Escarabajo carpintero” (algunos ya imaginaréis por qué lo llamamos de esta última forma <faber = carpintero>) es el mayor coleóptero longicornio (Cerambycidae; Subfam. Prioninae) que podemos encontrar, no solo en la Península Ibérica, sino en todo el territorio europeo.

Su larva, como la que veis en la fotos 1 y 2, se alimenta de la madera muerta de coníferas, tanto de pinos como abetos, creando galerías muy conspicuas y fáciles de identificar y asociar a la especie (sobre todo el agujero de emergencia, dado el gran tamaño del adulto en esta especie = hasta 50 mm; foto 4). Viviendo en las galerías que construyen pueden pasar unos años (foto 3), hasta que, finalmente, sufren una importante metamorfosis que los transforma en el espléndido adulto que vemos andorreando por las cortezas de nuestros pinares, si ponemos el ojo en el detalle (fotos 5 y 6). La emergencia del adulto se produce siempre en verano, entre los meses de julio y agosto. Esta especie nunca ataca la madera viva o sana de los árboles (según estudios, parece que el carácter resinoso de las coníferas de las que se alimenta actúa repeliendo la invasión). Es importante conocer estos datos porque otras de las especies de cerambícidos que medran en nuestros campos sí que constituyen importantes plagas, capaces de generar grandes daños al arbolado (por ejemplo, el Capricornio de los Quercus o Prinobius myardi). Insisto. No es el caso de nuestro carpintero. Todo lo contrario, el papel de Ergates faber como facilitador de la descomposición de la madera muerta y el reciclaje de nutrientes es muy destacable.

Machos y hembras muestran un acusado dimorfismo sexual, principalmente a nivel de las antes (mucho más largas en los machos que en las hembras, como suele ser habitual en esta familia de escarabajos), del pronoto (con dos escudos deprimidos en los machos y aspecto historiado en las hembras) y, en el diferente tamaño de los fémures de las patas anteriores (más robustos en el macho). Esta especie tiene un claro hábito nocturno, por lo que es complicado ver a los adultos a plena luz del día (que se puede, en la época apropiada, con paciencia y algo de suerte).

Enlaces de interés

Página web de Ángel Martínez (Málaga) 

Galería de fotos de Tomáš Vrána

Información sobre el Capricornio de los Quercus